5 tips para dedicarte a los caballos

Publicado el 12 de marzo de 2026, 20:46

La suerte existe, sí…pero te tienen que pillar trabajando. Las oportunidades increíbles no llaman a tu puerta por sí solas, así que, deja la vergüenza de lado y actúa.

Hoy me gustaría compartir con vosotros estas cinco pequeñas grandes lecciones que he aprendido (o por lo menos creo que las tengo ya aprendidas, aunque a veces nos gusta tropezar con la misma piedra) durante mis últimos 5 años trabajando en el sector. A pesar de que algunas de estos tips puedan parecer intuitivos, resulta casi bochornoso la cantidad de desilusiones y frustraciones que he experimentado al enfrentarme a distintas situaciones en el mundo profesional de los caballos para llegar a sacar alguna lección en claro. Por lo tanto, mi intención con este artículo es ahorraros trabajo (trabajo mental, claro está, porque el trabajo físico en este gremio, rara vez nos lo podemos ahorrar...) y motivaros para que comencéis esta gran aventura lo mejor preparados posible.

 

  1. Aprovecha todos los recursos que tengas, cualquier cosa puede servirte para desarrollarte profesionalmente:

Como es lógico, la experiencia y los conocimientos técnicos es lo que más te va a ayudar en el mundo laboral. Aunque, lo cierto es que todos, alguna vez, hemos sido novatos y hemos tenido que dar ese primer paso en algún momento de nuestras vidas. Por lo tanto, es importante que sepas beneficiarte de todas las ventajas y puntos fuertes que puedas tener, ya sea gracias a tu personalidad, tu educación o tu trayectoria. Hasta las habilidades o experiencias que aparentemente no están relacionadas con los caballos, en un contexto adecuado, pueden jugar en tu favor. ¿Tienes un don para ordenar, hacer listas o inventarios? Estupendo, en las cuadras con mucho movimiento de caballos y personal se necesita mantener un orden y que al final del día todo acabe en su sitio, así como saber qué es exactamente lo que hay almacenado en cada cajón, al igual que llevar un control exhaustivo de los suministros. Son cualidades muy importante en la figura de un jefe de cuadra o yard manager. ¿Facilidad para los idiomas? Todo el mundo aprecia una persona capaz de comunicarse en varios idiomas y de ejercer de traductor/a con clientes o trabajadores extranjeros, en concursos o subastas. Poder trascender la barrera del lenguaje facilita la logística en cualquier tipo de situación en la que nos podamos encontrar y te abre literalmente cientos de puertas, sobre todo en centro Europa. ¿Trabajas bien en equipo? Ya puedes montar como un mismísimo Dios de la equitación, que si no sabes integrarte y trabajar en un equipo va a ser muy difícil tenerte en la cuadra. Además, mantener una buena dinámica de equipo va a facilitar que el trabajo se haga de forma eficiente y se consigan los objetivos de la temporada. ¿Tienes una energía positiva contagiosa? Cuando el cansancio, las condiciones meteorológicas, la presión o una situación desalentadora inesperada bajen el mood de la cuadra, nada sienta mejor que una persona capaz de recoger ese ánimo que está por el suelo y devolver la alegría e ilusión al trabajo diario. En definitiva, hay soft skills que a pesar de que en primera instancia no las relaciones con tu profesionalización en el mundo del caballo, pueden ser decisivas a la hora de convertirte un buen candidato. No las tengas escondidas, conócelas (autoconocimiento), poténcialas y muéstralas.

 

  1. Implícate, interésate, muévete:

La suerte existe, sí…pero te tienen que pillar trabajando. Las oportunidades increíbles no llaman a tu puerta por sí solas, así que, deja la vergüenza de lado y actúa. Si el otro día viste un post donde un jinete al que admiras (tal vez muy por encima de tus posibilidades) busca un miembro más para reforzar su equipo, pregunta. ¿Esa cuadra tan chula que ves cada semana de camino a casa? Párate un día y conócelos. Nunca sabes de qué conversación puede surgir una oportunidad interesante. Incluso puede surgir de esa amiga que tu madre conoció en pilates que resulta que también tiene un conocido que monta.... La vida tiene una forma muy divertida de utilizar las casualidades. ¿Que ya estás dentro de un equipo y estás funcionando bien? No dejes de mostrar interés. Puede que al final del día tus tareas se queden hechas pero si quieres crecer, no basta solo con eso. Demuestra avidez por superarte, comparte dónde o de qué forma te sientes atascado, qué cosas técnicas te gustaría reforzar, no te conformes. Pero no lo digas desde la exigencia, sino desde el más puro interés y respeto hacia lo que haces. A veces, cuando entramos en un puesto, los que son nuestros mentores no ven mucho potencial en nosotros, pero la cosa suele cambiar cuando se ve el brillo de la pasión en la mirada y esa determinación que invita a que te dediquen más tiempo y recursos si lo necesitas, ya que es mucho más gratificante esforzarse por alguien que se entrega e ilusiona que no por una persona que hace las cosas simplemente por cumplir.

 

  1. Respeta tus valores:

En el mundo del caballo se trabaja mucho. Muchísimo. Hay días interminables, hay momentos muy tediosos, hay muchísima presión y en ocasiones muchísima frustración también. Por eso, es imprescindible que para poder no sólo soportar eso, sino mostrar la implicación necesaria, creas fielmente en el sistema del lugar en el que trabajas. Rara vez somos capaces de emplearnos en cuerpo y alma en algo que no creemos y además se siente como si vendieses tus principios. Seguramente, tu formación y tus conocimientos teóricos, si son actualizados, te hayan dado unos valores y unos estándares a la hora de entender cómo debe ser la vida de un caballo, ya sea de deporte, de escuela, de ocio o del tipo que sea. Siempre vas a sentirte más predispuesto a esforzarte si la filosofía del centro y/o del profesional con el que estés trabajando se alinee con tus propios valores y tu visión del mundo del caballo. Por supuesto, aquí es necesario hacer una pequeña apelación al sentido común y entender que es muy difícil coincidir con todo al 100% y habrá pequeños matices que sean, de alguna forma, negociables pero los valores principales deben coincidir.

 

  1. Aprende a fallar y también a triunfar:

Tal vez sea una de las lecciones más difíciles pero también más importantes en esta bonita aventura: el aprender a ser humilde y consciente de tus limitaciones sin humillarte pero también, aprender a celebrar cada pequeño triunfo sin ser arrogante. La motivación es una cualidad muy necesaria cuando nos queremos dedicar a algo difícil y muy técnico, por eso, si estamos constantemente persiguiendo grandes triunfos, siempre vamos a sentir que vamos con retraso y llegamos tarde. Por nuestra propia salud, debemos ser capaces de identificar y dar importancia a esos pequeños momentos en los que reconocemos que hemos hecho algo bien. Por muy pequeño que sea. Recuerdo la primera vez que alguien me dijo que las camas que había hecho se veían muy bien. También recuerdo la primera vez que puse una herradura. Y la primera vez que me salió una espalda adentro. ¿Por qué lo recuerdo? Seguramente por la gratificante sensación de la dopamina liberándose en mi sistema nervioso y el sentimiento de autorrealización de después. Por otro lado, me ha costado mucho afrontar la cantidad de veces que se cometen errores. La verdad es que tener una alta tolerancia a la frustración y saber sobrellevar el fracaso también es imprescindible para mantenerse motivado. Aprender a ver el error como un mero feedback en vez de dejar que se convierta en algo humillante para mí ha sido tal vez la lección más difícil y con la que recurrentemente tengo más problemas.

 

  1. TRUST THE PROCESS:

Este es el punto número cinco, es el último pero diría que el más trascendental de todos y el que más engloba los anteriores. De hecho, se podría desarrollar hasta el punto de hacer un artículo entero solamente explicando la importancia de confiar en el procesoes simplemente crucial. La equitación y el mundo del caballo en general es tan amplio, tan extenso, tan vasto y, es un mundo en el cual el proceso de aprendizaje no es lineal. Por ello, hay épocas en las que parece que nos estancamos y no mejoramos. Saber que esto es algo inherente a dicho proceso de aprendizaje parece que nos tranquiliza, pero desgraciadamente se suele aprender una vez has pasado por varias ‘’explanadas’’ de estancamiento, y hasta que se aprende la lección puedes verte abrumado por pensamientos muy negativos durante estos periodos: ‘’no valgo para esto’’, ‘’jamás voy a lograrlo’’, ‘’todo el mundo avanza menos yo’’. Son ideas que nuestra desesperanzada mente puede invitarnos a pensar durante estos periodos. Es fundamental recordar que no eres tus pensamientos, la mente genera muchísimos pensamientos y no necesariamente son verdad así que el verdadero trabajo es dejar que lleguen y pasen e intentar identificarse como el espectador de todo esto, alguien que observa estas ideas como fugaces flashes que duran segundos. Aquí es cuando hay que demostrar una fe ciega en el proceso y en aquello que nos ilusiona. Aquí es cuando hay que demostrar la persistencia de no querer rendirse. Es fácil sentirse motivado y confiar en el proceso cuando algo nos ha salido bien y nos han dado una palmadita en la espalda. Lo complicado es seguir trabajando cuando parece que todo está en tu contra, pero es lo que diferencia a la gente que ‘’lo logra’’ y la gente que no. Además hay que entender que cada etapa es distinta. Habrá momentos en los que te encuentres haciendo actividades totalmente inesperadas, disciplinas que no te imaginabas haciendo, habrá etapas en las que te obsesiones con un ejercicio, o con tu posición, o con una sensación. Esto también es parte del proceso y hay que dejar que transcurra y que cada etapa nos transmita el aprendizaje correspondiente y nos vaya llenando la mochila de herramientas y experiencias que nos van a ir convirtiendo poco a poco en una verdadera persona ‘’de caballos’’.

 

Aprender a no sólo confiar en el proceso, sino también a disfrutarlo. Es crucial para mantenernos motivados ya que la sensación de realización viene de pequeños pero persistentes momentos gratificantes no solo cuando por fin conseguimos algo que llevamos mucho tiempo persiguiendo.